CDMX, la entidad con menos agua y la que más desperdicia

¿Somos los habitantes de la CDMX quienes más problemas de escasez tenemos? Acá un comparativo del agua en la ciudad contra la situación en otras entidades.

Los chilangos vivimos en una constante relación de amor-odio con el agua; mientras que en la llamada “temporada de secas” le rezamos todos los días a Tláloc para que nos eche una mano con la sequía, los incendios y hasta las contingencias, apenas llegan las lluvias y lo maldecimos por las inundaciones.

Va el primer dato que te hará considerar seriamente tus 30 minutos diarios bajo la regadera: la Ciudad de México es la entidad del país que menos agua renovable (aquella que es factible explotar de manera sustentable) por habitante posee, con apenas 55 metros cúbicos al año, mientras que nuestro vecino el Estado de México tiene 302 metros cúbicos, según la Estadística del Agua en México 2018 (EAM), de la Comisión Nacional del Agua.

Si con eso no te basta para pararle a tu consumo y aplicar el baño de torero una vez a la semana, acá van la cifras de cuánta agua tienen otros estados. Guanajuato cuenta con 661 metros cúbicos; Nuevo León, con 828 m3; Jalisco, con 1,951; y mejor ni hablamos de entidades como Campeche, con 15,474 metros cúbicos, o Chiapas, con 21,199 metros cúbicos.

De acuerdo con Fernando González Villarreal, coordinador Técnico de la Red del Agua de la UNAM, el principal problema de la CDMX es la sobreexplotación del acuífero, situación que ha empeorado en los últimos años.

“La cantidad de agua que ha sido extraída del subsuelo es de 28 mil millones de metros cúbicos. Si se suspendiera el bombeo por completo, al acuífero le tomaría 32 años recuperarse”, señala el investigador.

Los que menos tenemos y los que más desperdiciamos

Según datos de la doctora Judith Domínguez Serrano, coordinadora académica del doctorado en estudios urbanos y ambientales de El Colegio de México (Colmex), en la CDMX gastamos en promedio 366 litros diariamente por persona, pero hay zonas como Polanco, donde el gasto promedio es de hasta 500 litros.

Por otro lado, el volumen de agua concesionada en la capital del país en 2017 fue de 1,122.2 hectómetros cúbicos, 97% de este líquido se destinó al abastecimiento público, de acuerdo con los datos de la EAM.

Esto nos convierte en la segunda entidad de la república que más agua utiliza para consumo humano, únicamente por debajo del Estado de México con 1,375 hectómetros cúbicos.

Peeero no toda esa agua es utilizada en nuestras necesidades básicas, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) estima que entre 30 y 40% del líquido se pierde en fugas, cifra que nos posiciona en el primer lugar del país en desperdicio, de acuerdo con la organización del Consejo Consultivo del Agua.

Sin embargo, la escasez de agua no es el único problema por el cual nos debemos preocupar, otro factor es la calidad del líquido que llega a los hogares de los chilangos.

Datos de la Comisión Nacional del Agua indican que 70% de las aguas del Valle de México están fuertemente contaminadas con coliformes fecales (sí, hablamos de heces humanas y animales), muy por encima del promedio nacional que es de 24%.

Peeero, ¿realmente es algo preocupante? De acuerdo con Villarreal, aunque sí existe un deterioro en la calidad del agua en el Valle de México, esta aún conserva sus características de potabilidad, pero podría empeorar si seguimos extrayendo el agua como hasta ahora.

¿Pagamos por lo que merecemos?

Aun cuando la Ciudad de México ocupa el sexto lugar en tarifa doméstica entre las 32 principales urbes del país, con una tarifa promedio de 22.6 pesos por metro cúbico al mes (EAM 2018), este costo no es suficiente para tener el servicio que deberíamos.

González Villarreal señala que la baja recaudación de los organismos operadores es uno de los principales problemas por los que no se logra abastecer la demanda del líquido.

“El pago por el servicio puede tener un efecto en la eficiencia de uso y es condición necesaria para lograr el abastecimiento necesario en calidad y cantidad”, explica el investigador.

Los chilangos aún estamos lejos de solucionar nuestros problemas con el agua, mientras tanto, seguiremos encomendándonos a Tláloc.