Tres meses le bastaron a Miguel Castro para convencerse de que quería pasar el resto de sus días con Carlos Fernández. Aunque dentro de su plan de vida estaba el casarse, nunca contempló que eso fuera suceder antes de los 30 años. Pero sucedió. Con 22 años de edad se unió al civil con su pareja en octubre del 2019.

En un inicio, la invitación de Carlos fue para vivir juntos, pero pensándolo mejor, decidieron formalizar el asunto y dar el paso hacia el matrimonio. La ceremonia y posterior celebración se realizó en Morelia, rodeados de familiares y amigos cercanos.

Cuentan que el proceso de aceptación por parte de sus familias no tuvo ningún contratiempo ni objeciones por tratarse de un matrimonio igualitario, pues en todo caso, lo que les cuestionaban era si realmente estaban listos para hacer una vida juntos y con un papel firmado de por medio.

La verdad es que no se espantaron, en este rol que jugamos ante la sociedad, nuestras familias ya lo sabían, digamos que ya estaba asimilada la situación. Yo desde el momento que les dije que nos casaríamos, todo el proceso familiar fue normal, no fue nada del otro mundo. La sorpresa era de por qué casarnos cuando ya nadie lo hace

En la parte institucional, Carlos refiere que tampoco fueron discriminados al momento de hacer los trámites, aunque señala que la sorpresa o la costumbre se siguen imponiendo. “Cuando presentó los documentos en el Registro Civil, doy mi nombre y la trabajadora me pregunta por la novia, le explico que se trata de un hombre, que somos gays y nos vamos a casar”.

Desde el 2014 los matrimonios igualitarios se comenzaron a dar por la vía del amparo, pero fue el 17 de mayo del 2016 cuando en Michoacán el Congreso del Estado reformó el Código Familiar y dio paso a aprobarlos. El dictamen que obtuvo 27 votos a favor y ocho abstenciones, se modificó para establecer un criterio de igualdad y no discriminación, además de eliminar a la procreación como fin del matrimonio.

Ese mismo año, se registraron 59 matrimonios igualitarios. Para 2017, la cifra ascendió a más del doble con 131 casamientos, posteriormente en 2018 bajó a 95 y en 2019 se presentó la cantidad más alta hasta el momento con 250. Por la pandemia mundial de Covid-19, la situación ha sido totalmente atípica en este 2020, por lo que el último corte precisa que solamente se han dado 42 uniones.

Aunque Carlos reconoce y celebra los derechos que ha ido conquistando la comunidad LGBTTTIQ en los últimos años, admite que todavía se sienten un tanto reprimidos y expuestos al peligro. Y es que las opiniones o prejuicios no importan tanto, pero sí cuidar la integridad física.

“Aquí en la colonia donde vivimos pues es un barrio peligroso, estamos expuestos a un insulto o una agresión. Me ha pasado que me gritan puto o que luego hacen comentarios indirectos porque saben que somos esposos, hay personas que buscan atacarte y debemos cuidarnos de ellos”.

Originario del municipio de Cuitzeo, Miguel sabe que en estos tiempos sigue siendo complicado que su pueblo acepte su matrimonio, ya sea porque la gente es más “cerrada” o porque simplemente tienen más arraigadas las ideas tradicionales.

Una vez al mes Miguel y Carlos viajan a Cuitzeo para visitar a la familia. En cuanto bajan del autobús, el comportamiento de ambos es de amigos. No hay besos, abrazos, caricias ni cualquier gesto que proyecte que son una pareja más. No piensan en el qué dirán, sino en el “que nos pasará”.

De acuerdo al Consejo Estatal de Población (Coespo) con base en la Encuesta Nacional de Discriminación 2017, en Michoacán el 61.2 por ciento de la población justifica poco o nada que dos personas del mismo sexo vivan juntas.

Las mismas estadísticas, indican que en el país el 33 por ciento de las mujeres encuestadas no le rentarían un cuarto de su vivienda a una persona transexual y 30 por ciento a gays o lesbianas. Pero son los varones quienes se muestran más intolerantes ante la diversidad, pues en los mismos rubros, el 41 por ciento y 35 por ciento se negarían.

Respecto a la población LGBTTTIQ que se tiene en Michoacán, la directora de Coespo, Elizabeth Juárez, explicó que es una cifra con la que no se cuenta, ya que no se han logrado los consensos para que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) incluya en su censo una pregunta relacionada con los temas de la diversidad.

“Para este último censo que comenzó a levantar el INEGI, un grupo tenía la exigencia de incluir esta pregunta, pero otro sector consideró que era una intromisión a la vida privada y que no era necesario cuantificar, por lo que no se llegaron a los consensos y la verdad es que muchos esperábamos que este año se lograra, pero la realidad es que no hay ningún instrumento, encuesta ni muestreo que nos pueda dar un dato de cuánta población se tiene de la comunidad LGBTTTIQ”.

Planes a futuro

En poco más de ocho meses de matrimonio, Miguel dice que su relación es como cualquier otra. Se dividen las tareas del hogar, comparten actividades y siguen con sus planes en conjunto y de manera individual.

“Casarse es como firmar un contrato, pero eso no significa estar atado como luego se piensa. En lo personal es lo mejor que me ha pasado, es un plan de vida. Si te caes, el otro va estar ahí para levantarte”.

Y en ese plan de vida, también cabe un bebé. Miguel y Carlos admiten que en su momento les gustaría poder adoptar. Es un derecho todavía pendiente de clarificar en Michoacán.