¿Una pastilla para proteger a América Latina del VIH/sida?

Las primeras protestas contra la actitud del Gobierno estadounidense ante la crisis del sida, en los ochenta del siglo pasado, pedían escribir los nombres de los que se habían quedado por el camino. Escribir sus nombres para que no fuesen olvidados. Si hubiera que escribir los nombres de las personas que murieron por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida el año pasado, serían alrededor de 770.000 nombres.

El próximo domingo (21.07.2019) comienza en Ciudad de México la Conferencia Mundial Científica sobre VIH/sida, que reunirá a más de 6.000 expertos en este ámbito de distintos campos, como médicos, investigadores, profesionales de las políticas públicas y activistas. El objetivo es dar un paso más hacia el soñado fin de una epidemia que dista de ser cosa del pasado: en 2018 había 37,9 millones de personas infectadas con el virus causante del sida, según los últimos datos de Naciones Unidas.

Los participantes se reunirán en un contexto de marcado por algunas buenas noticias en la lucha contra el VIH/sida a escala global, pero teniendo bien en mente los desafíos pendientes y los nubarrones en el horizonte. Según hizo público el martes (16.07.2019) el programa de la ONU sobre el VIH/sida (ONUSIDA), la financiación para combatir la epidemia ha empezado a decaer por primera vez, lo cual pone en riesgo el progreso logrado.

ONUSIDA también puso sobre la mesa otro dato preocupante: la tasa de infecciones por VIH en América Latina creció un 7% entre 2010 y 2018, siendo Chile, Bolivia, Brasil y Costa Rica los países que registraron una subida más preocupante.

“En América Latina tenemos una epidemia concentrada”, dice a DW Miguel Pedrola, un reconocido médico argentino experto en VIH. Se refiere a que la epidemia afecta sobre todo a “poblaciones clave”: hombres que tienen sexo con hombres, trabajadores sexuales, personas trans, usuarios de drogas, etcétera. También los pueblos originarios se ven especialmente afectados en países como Guatemala, Panamá o Brasil, añade Pedrola.

“Además, estamos teniendo graves problemas en Venezuela, con escaso acceso a la todo, no solo a la medicación”, explica el científico. “Y estamos teniendo algunos problemas de desabasto en otros países donde antes esto no ocurría, como en Argentina”.

Una pastilla para blindarse frente al VIH

Uno de los grandes debates en torno a la cuestión del VIH es el de la profilaxis preexposición, comúnmente conocida por sus siglas: PrEP. Tomado a diario, este medicamente consigue reducir en más del 90% las posibilidades de contraer el virus que provoca el sida a través del sexo.

Alemania ha sido uno de los países pioneros a la hora de incorporar la PrEP al sistema público de salud. En la actualidad, un médico puede recetársela a personas con alto riesgo de infección por VIH, con lo que la persona solo paga en torno a 50 euros al mes. En otros países, como Estados Unidos, el usuario puede acabar pagando alrededor de 1.300 euros mensuales. Sin embargo, el Ministerio de Salud alemán acaba de anunciar que a partir del 1 de septiembre, los seguros médicos que trabajan con el sistema público de salud cubrirán este medicamento profiláctico para los grupos en riesgo.

¿Pueden los países americanos seguir este ejemplo? “Esa es justamente una de las recomendaciones que estamos colocando en los Ministerios de Salud”, afirma a DW César Núñez, director del equipo de apoyo regional de ONUSIDA en Latinoamérica. Los números son su principal argumento: “Estamos intentando dejar claro que va a ser más costoeficiente para un país el prevenir una infección de VIH que el tener que asumir la cobertura del tratamiento por el resto de la vida de una persona”.

En Latinoamérica, Brasil, México y Panamá lideran la introducción de la PrEP con diversos programas que intentan acercarlo a las comunidades que más lo necesitan, como el colectivo LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans y intersexuales) o los consumidores de drogas.

Acceso a la terapia antirretroviral

Pero también hay recelos al respecto. Por un lado están las actitudes estigmatizantes y prejuiciosas que acompañan a la cuestión del VIH/sida desde la década de los ochenta del siglo pasado. Por otro, sin embargo, hay dudas basadas en argumentos científicos y médicos.

“Muchos dicen que cómo podemos invertir en un medicamento de prevención si todavía no hemos logrado cubrir el tratamiento de aquellos que sabemos que lo necesitan”, reconoce Núñez. En América Latina, solo un 62% de las personas que viven con VIH tienen acceso a medicación antirretroviral. En el Caribe, este porcentaje desciende al 55%. Depende de por dónde se miren, son cifras positivas o desalentadoras.

Para Pedrola es importante que se entienda que “cuando uno plantea que no estamos preparados para la PrEP, no quiere decir que se esté en su contra, porque en realidad desde el punto de vista científico es indiscutible. Lo discutible es su implementación”. Y apuesta por que sean los médicos quienes tengan la potestad de recetar el medicamento, en detrimento de un sistema en el que estuviese disponible “en una farmacia cualquiera”.

En todo caso, para ambos expertos es crucial que el mundo no olvide el gran problema que sigue siendo la epidemia de VIH/sida y que, consecuentemente, los esfuerzos financieros para combatirla no sigan descendiendo, sino que por el contrario el asunto vuelva a estar entre las prioridades de los gobiernos, así como de la comunidad internacional.

A ese respecto, acabar con la discriminación hacia las comunidades más afectadas es el primer paso, recuerda Pedrola: “hace falta que los Gobiernos se abran a la sociedad civil”. Al fin y al cabo, fue esta la que convenció a los políticos de que el sida no era un castigo de Dios a homosexuales y drogodependientes.

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