0

Qué tipos de sismos pueden afectar al Valle de México y cuál podría ser el más destructivo

Share

En lo que va de 2023 se han registrado 16 mil 964 temblores con epicentro en suelo mexicano. La cifra no es para sorprenderse: México es un país altamente sísmico debido a la interacción de las placas tectónicas que existen en él.

Si bien el origen se encuentra debajo de nuestros pies, no quiere decir que este sea el mismo en todos los casos, ni que afecte de la misma manera al Valle de México.

Según Emilio Rosenblueth Deutsch, uno de los ingenieros sísmicos más importantes en México y pionero en  Investigación Antisísmica, hay cuatro fuentes sísmicas en la zona, mismas que dependen de la dinámica particular e interacción de las placas tectónicas, esas enormes piezas de rompecabeza que componen la corteza terrestre y que al moverse y chocar entre ellas ocasionan la sacudida de la tierra.

Tipos de fuentes sísmicas que afectan a la Ciudad de México de acuerdo con Rosenblueth | Fís. Delia Iresine Bello Segura
ampliar
El tipo de sismo que se detectó el 19 de septiembre de 2017
Sismo de fallamiento normal y profundidad intermedia: aunque no es el más común en México y su nombre puede ser difícil de recordar, este fenómeno natural de ninguna manera es extraordinario, según explica un grupo de ingenieros en la Revista de Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) .

Este tipo de terremoto puede llegar a alcanzar magnitudes de 7 y se ocasiona por rompimientos de la placa oceánica de Cocos. Las rupturas se producen a profundidades mayores que los sismos típicos, de hecho, se podría decir que se dan por “esfuerzos excesivos” a lo largo de la placa de Cocos.

El ejemplo más claro de este tipo de sismo es el que se vivió el 19 de septiembre de 2017, aunque no es el único que se ha detectado.

El tipo de sismo que marcó un precedente
El 19 de noviembre de 1912 se registró un sismo de magnitud aproximada de 6.9 con epicentro cercano a Acambay, Estado de México. El terremoto interplaca ocurrido en tiempos de la Revolución es considerado como uno de los más importantes en la historia sismológica de México.

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional (SSN), este fenómeno marcó un precedente dando a conocer que es posible que ocurran sismos grandes (es decir de magnitudes cercanas a 7) con epicentro en la región central del país.

Su origen se detectó dentro de lo que se conoce como el Cinturón Volcánico Transmexicano (CVTM) donde se ubica el graben (fosa tectónica) de Acambay.

Sismos locales (mejor conocidos como microsismos)
Estos en específico se han detectado en el Valle de México puesto que se originan dentro o cerca de la cuenca y son menores o iguales a una magnitud de 5.5.

De acuerdo con Delia Iresine Bello, desde hace muchos años se han realizado múltiples estudios sobre las fallas geológicas que se encuentran en la zona, ya que se ha señalado que son estás las responsables de la sismicidad local que usualmente suele percibirse como microsismos.

De acuerdo con la tesis de la analista e intérprete de datos del SSN, se han detectado diversos sistemas de fallas en el  y son:

Sistema de fallas de Las Cruces
Sistema de fallas de la Sierra de Guadalupe
Sistema de fallas del área de Tepetlaoxtoc y Tezoyo
Sistema de fallas Iztapalapa
El más destructivo
Los sismos de subducción son los más destructivos pues pueden llegar a alcanzar una magnitud mayor a 7, esto debido a su origen. Para entender su dinámica primero hay que recordar que México se encuentra en cinco placas tectónicas: Caribe, Pacífico, Norteamérica, Rivera y Cocos. Estas últimas dos se encuentran en subducción, es decir, se sumergen debajo de la de Norteamérica.

Las zonas de subducción son propensas a ocasionar grandes terremotos debido a que las placas se mueven una contra otra y a veces se pegan lo que provoca que con el movimiento la placa inferior jale a la placa superior hacia abajo lo que inevitablemente genera tensión.

Fotografía tomada en la Ciudad de México después del sismo de 1985
ampliar
​Cuando la tensión se acumula llega el punto de rotura: la placa superior se libera y regresa a donde estaba levantando así el fondo del océano, algo similar a un efecto rebote, es por ello que además de un terremoto también puede ocasionar un tsunami.

Dos de los más grandes sismos registrados en la zona de subducción mexicana ocurrieron en 1932 y 1985 y fueron de 8.2 y 8.1 respectivamente.