▲ En el Centro de Día de la Central de Abasto la hora de comer parece también la del recreo para los pequeños, quienes aprenden a alimentarse conforme al plato del buen comer.Foto Luis Castillo
Mara Ximena Pérez
Periódico La Jornada
Lunes 18 de mayo de 2026, p. 37
Entre 70 y 120 infantes y adolescentes, cuyos padres trabajan en la Central de Abasto (Ceda), son atendidos diariamente en el Centro de Día 3 del DIF, quienes reciben alimentación balanceada, acompañamiento educativo y atención sicológica, explicó en entrevista Rubén Linares Flores, director ejecutivo de Apoyo a las Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de México.
Se trata de un espacio con salones recreativos, paredes coloridas, comedor gratuito y áreas de juego, a donde llegan pequeños con apenas cuatro años y otros que están por cumplir la mayoría de edad, pero en todos ellos su historia de vida está marcada por la falta de redes de cuidados, por lo que muchos acompañan a sus padres en sus labores.
Linares Flores señaló que el lugar opera como una forma de contención frente al trabajo infantil y otras violencias; hay quienes llegan con rezagos escolares, otros provienen de entornos familiares complejos o presentan problemas de nutrición, por lo que se integran expedientes clínicos para atender sus necesidades.
La hora de los alimentos parece también la del recreo. Dentro del comedor Silvia y Leticia –cocineras desde hace nueve años– relataron: “Ellos mismos van aprendiendo a comer y la cantidad”. Por la mañana preparan 40 porciones, aunque en la tarde la cifra se duplica.
Cuando se anunció el servicio, los pequeños corrían a formarse para sentarse a las mesas de colores y recibir agua de jamaica, crema de frijol con totopos, albóndigas de pollo y porciones medidas de manzana, conforme al plato del buen comer.
Menores, la mayoría
En una de las salas de recreación, otro grupo creaba títeres de tela y jugaba con materiales didácticos. Ahí, representantes del centro señalaron que el grupo más numeroso corresponde a la tercera infancia, de cinco a 11 años, mientras la población masculina representa cerca de 60 por ciento de los asistentes. Después se encuentran los adolescentes, cerca de 20, quienes también participan en actividades deportivas.
Vogart, de 13 años, asiste desde muy pequeño mientras su madre vende dulces y su padre hace trabajos de albañilería. El Centro de Día le ha permitido conocer distintos museos como parte de las actividades que se realizan. Por su parte, Axel lleva dos años asistiendo en este espacio de “apoyo y compañía”, algo que le ha ayudado a “ser mejor” y a regularizar sus estudios luego de tres años. Ambos tienen planeado estudiar en la universidad.
El Centro de Día opera en dos horarios, de 9 a 13 horas y de 14 a 17, con el acompañamiento de más de una decena de profesores que procuran su desarrollo educativo, social y emocional.
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